Doloso

Menos mal que había una silla cerca. Yo necesitaba sentarme. Mis piernas temblaban. “Hombre, Carol… que cara!” Entonces, desistí de intentar encubrir mi crimen sin testigos.

- Maté un pajarito. Atropellado. Una tortolita.

Lo que se siguió a mi confesión me dejó aun más desorientada. Está claro que no imaginaba que las personas fueran encubrir el rostro y apuntar para mi, entre sollozos y desaforos. Pero esperaba alguna reacción emotiva. Una cualquiera.

- Ah, no….no te quedes triste. Eso pasa. Pajaritos son bichos torpecitos…
- ¡No pu-e-do cre-er que estés mal por eso! ¡Solamente es una paloma idiota!
- Tú no has visto nada. Semana pasada, atropellé un perro en la carretera. Cuando vi que iba a atravesar, no había más tiempo. Intenté desviar, pero, no pude, pobre. Tenías que ver como se quedó…

Intenté tener rabia de las personas, pero no pude. Yo solamente podía recordarme de la explosión. Del vacío de conducir mientras la ciudad apenas despertó y, luego, de la explosión silenciosa de plumas.
Minúsculas plumas gris cayendo como copos de hollín por el vidrio de la frente. Bien despacio. Como en una película en cámara lenta. La explosión silenciosa y las plumitas gris. Tan pequeñitas…

Lee el post original en portugues (Blog Guindaste): Culposo

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