Crisis de agua en el planeta agua es el fondo del pozo

Video: A World Without Water from senseisoke on Vimeo.

Cuando era pequeño, recuerdo estar imaginando lo que sería peor, vivir sin luz o sin agua. Hacía una lista de los pros y contras de cada situación hipotética, que a veces se hacía real. No era extraño quedarnos sin agua y sin luz en un apartamento apretado en Botafogo, que siempre me viene a la mente cuando escucho la música Big Brother, del antológico disco Talking Book de Steve Wonder. Estar sin agua, claro, ganaba con ventajas en la disputa imaginaria que yo hacía. No tener como lavarse ni limpiar las cosas, estar sin tener qué beber, ni tener cómo refrescarse… era muy duro.

Todo ese viaje al pasado se me ocurrió al ver la muchachita boliviana en ese documental Un Mundo Sin Agua, del Channel 4 llorando por no tener amigos. Ella es llamada de ‘puerquita’ porque no se baña y no lo hace sencillamente porque la familia no tiene dinero para pagar. Terrible.

Cerca de 1/3 de la población mundial vive sin acceso pleno al agua. En 40 años, especialistas estiman que mitad del planeta sufrirá de esa escasez. De la forma que estamos contaminando mares, ríos, acueductos, lagos, bosques y aire, ese número sólo tiende a crecer de una forma que asusta – principalmente en África y Asia.

Y en ese medio tiempo, empresas se van apropiando de las fuentes de agua limpia que quedan, privatizando un bien común y cobrando cada vez más por eso. ¡En la India, como muestra el documental, llegamos al absurdo de que la población del Rajistán tener que pelearse con la Coca-Cola por el derecho al agua subterránea de la región! La empresa chupa 500 mil litros de agua todos los días para hacer su refresco, dejando hacenderos y comunidades enteras sin agua en los pozos.

¿Qué será necesario para impedir que un derecho básico del ser humano sea usurpado en nombre del lucro? ¿Protestas? ¿Desórdenes? ¿Guerra civil? ¿Masacre de civiles?

La crisis del agua fresca, como algunos especialistas ya la llaman, ya llama a nuestras puertas y deberá ser más severa y crítica que la financiera y climática que tenemos hoy juntas. Para muchos, sin embargo, el absurdo de que tengamos una crisis de agua fresca en un planeta 70% cubierto por agua aún es verborrea de ecologista pesado, de quien se queja de todo sin darse cuenta de la maravilla que es una puesta de sol en São Paulo – aunque el color anaranjado del fin del día sea puro reflejo de la contaminación de la ciudad.

Con esa gente, la muchachita boliviana no puede contar de verdad.

¿Y dónde está el X de la cuestión? En el consumo. Todo lo que consumimos genera impacto, muchas veces terrible para determinadas regiones. Productores pueden deforestar una Amazonía entera o rediseñar una playa o acabar con parques marinos como el de Abrolhos si el mercado consumidor así lo exigiera. Algunas economías, como la americana y europea, son viciadas en consumo y así tiran a la basura la sustentabilidad que podría garantizar el equilibrio socioeconómico necesario para evitar nuevas crisis.

Para algunos, la comodidad es prioridad antes que la salud, antes que el bienestar de otras comunidades, antes que la naturaleza, antes que las comunidades tradicionales. Más que financiera, climática o de consumo, la crisis es de valores. Pero eso en algún momento tiene que cambiar – por las buenas o por las malas.

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