<!– /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-parent:”"; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:”Times New Roman”; mso-fareast-font-family:”Times New Roman”;} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1;} –>
/* Style Definitions */
table.MsoNormalTable
{mso-style-name:”Tabela normal”;
mso-tstyle-rowband-size:0;
mso-tstyle-colband-size:0;
mso-style-noshow:yes;
mso-style-parent:”";
mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
mso-para-margin:0cm;
mso-para-margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:10.0pt;
font-family:”Times New Roman”;
mso-ansi-language:#0400;
mso-fareast-language:#0400;
mso-bidi-language:#0400;}
Los pajaritos sembraron un girasol gigantesco en la baranda de mi casa. Él creció lindo, fuerte y vigoroso hasta alcanzar más de un metro. Dos meses después, surgió un botón y yo pasé a levantarme más temprano e ir directo para la ventana, con la esperanza de que estuviera lista la magia y la flor se abriera revelando el centro ensolerado. Un día, sucedió: me desperté y me saludaba una flor del tamaño de un plato de postre. Eso fue hace tres semanas.
Desde entonces, incluso cuidando al girasol como a un bebé, su flor está muriendo — y yo junto, de tristeza. Conversé con un jardinero y él me explicó que las plantas tienen ciclos de vida diferentes. Algunas duran poco, como las hierbas y hortalizas en general: aunque usted mime una lechuga, ella va a crecer, dar una flor, lanzar sus semillas y morir en menos de seis meses. Es de la naturaleza de esa especie. Ya un árbol tiene un ciclo de vida mucho mayor, pero inclusive un jequitibá, llega el momento que muere.
Girasoles duran de cuatro a seis meses, dependiendo de la especie. “Por más que la reguemos, abonemos y dejemos la tierra movida, cuando acabe la vidita de la planta ella morirá lentamente”, me dijo Juareis. Ese será el destino de mi girasol de los pajaritos.
Desde que supe de eso, lo cuido para que disfrute bien sus últimos días. En vez de cortar la flor marchita, dejo que la planta decida cuando hacerlo. Hasta porque, mientras la flor se marchita y se pone fea, una química secreta nace en su centro: ella prepara sus descendientes, las decenas de semillas que lanzará en la tierra para que los pajaritos la siembren por ahí.
Si yo sé de todo eso, ¿por qué siento que una lucecita se apaga diariamente dentro de mí?

