Definitivamente sin carne

Mi desafío llega hoy a los 30 días sin carne. Los días pasaron naturalmente. No sentí deseos de comer carne, ni siquiera me sentí tentada a dar una probadita. Almorcé fuera de casa varias veces, cené en casa de amigos, ocasiones en que el menú contenía carne, y no cedí.

Ahora, sí, puedo decir que la carne ya no es parte de mi dieta. Las razones ya fueron expuestas aquí y aquí. Está vencido el desafío. Ahora creo que estoy lista para definitivamente abandonar este  hábito.  No sólo por 30 días, sino indefinidamente. Este es mi objetivo.

No hago apología al vegetarianismo, como ya  expliqué en los posts citados. La producción industrial de carnes es una de las fuentes más importantes de contaminación del medio ambiente: necesita de áreas gigantescas, consume un enorme volumen de recursos naturales y energéticos, genera miles de millones de toneladas de residuos tóxicos sólidos, líquidos y gaseosos, que contaminan suelo, agua, aire, plantas, animales y personas.

Conviene destacar también que la deforestación realizada para la siembra de pasto para el ganado es el factor de mayor impacto en la disminución  de la Selva Amazónica.

Por razones ambientales, por amor a los animales, por la salud, en fin, por la vida, continuaré haciendo mi parte. Me estoy sintiendo muy bien, pueden creerlo. Hay quien opte por disminuir el consumo de carne. Yo prefiero eliminar el consumo de carne de mi dieta y,  de esta forma, contribuir para desacelerar el aumento del calentamiento global,  contribuir también a la conservación  de la biodiversidad y al bienestar de los  animales. Y, como lucro, tener una vida más saludable.

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