
Me gustan algunos productos de Boticario. Y conozco desde su creación la Fundación Boticario - que hace un bello trabajo de preservación que empezó allá en Paraná y se amplió bastante. Pero la gran gracia la encontré hoy cuando pisé la Tienda de la calle Augusta. Una cestica dedicada a reciclar los envases.
¿Sabe la cajita? Ni llegó aquà a mi casa. Vino sólo el desmaquillante, con la fecha de expiración, el lote, modo de usar y todo lo que estaba bien claro en el envase. La cajita se quedó en la tienda. La bolsita ya ustedes saben que la dispenso. Además de esta iniciativa, voy a ser una de eco-pesada: ya que la cajita puede y debe ser reciclada, ¿por qué no dar dos pasos atrás e inventar una forma de vender sin ella? La naturaleza agradece aún más cuando sencillamente reducimos, ¿no es verdad?