Noticias del balcón

Esperé el fin de semana para aprovechar la buena previsión del tiempo y tirar mejores fotos de los pajaritos del balcón. São Pedro se redimió de los sábados lluviosos y domingos melancólicos con dos días lindos, de cielo azul y mucho calor. Puse papaya, me esmeré en el plátano, llené potecitos de alpiste y semillas de girasol, hasta los bebederos los dejé con agua fresquita. Y esperé, cámara en mano para coger al primer charlatán con alas. Pasó la mañana del sábado, la tarde se fue apagando y las frutas permanecieron intactas. El domingo no fue más decepcionante porque los pájaros aparecieron al finalizar la tarde, pero la luz ya estaba desapareciendo y allá se fueron mis fotos con el cielo azul…

Todo esto es  para explicar porque están tan opacas las fotos que he puesto aquí. Pero la culpa no siempre es del tiempo: algunos pajaritos son tan ariscos que no consigo ni enfocarlos porque ellos se van, no es el caso de este simpático bem-te-vi [benteveo] (Pitangus sulphuratus) deleitándose con una papaya.

A las Maritacas [periquito verde] (Brotogeris tirica) tampoco les gusta mucho la proximidad, pero como están siempre en bandos ruidosos, consigo oírlas con tiempo para preparar el flash. ¡Quién adivine cuántas maritacas tiene la próxima foto gana un girasol!

Otro que avisa antes de aparecer es el sanhaço [celestino] (Thraupis sayaca), este simpático pajarito azul (el macho tiene plumas azules y la hembra, grisáceas). Él da unos griticos de alegría cuando ve la comida, hace una fiesta. Pero come poquito y se escabulle inmediatamente, detesta la agitación de las rolinhas.

Esta miniatura responde por el nombre de papa-banana [reinita] (Coereba flaveola), la versión muy pequeña casi perfecta del bem-te-vi. A pesar del nombre, nunca lo vi comiendo fruta: él solo quiere el néctar, inclusive de las flores que tengo en el balcón. Tiene un gorjeo que parece un “tik”.

Este mocito con pinta de valiente se llama pássaro preto [charrua] (Gnorimopsar chopi). Empezó a aparecer solo, escudriñando la comida de las rolinhas, y ahora viene en pandilla, ya vi hasta cinco juntos.

Uno de los pássaros-preto suele quedarse en la baranda, fiscalizando el movimiento de la avenida. Debe ser el bedel de la chiquillada. Entre ellos y las rolinhas los separan altos palos (pero las rolinhas a pesar de parecer más bravas, son las que salen perdiendo siempre…).

Hablando de rolinhas (Columbina talpacoti), repare en la cara de compasión de esta aquí. La fotografié en uno de esos días feos que no dan deseos de salir de la cama. Hacía tanto viento tanto que ella se movía poco.

Y como la vida de pajarito no es fácil, ni a la hora de comer las rolinhas tienen tregua: cuando no están peleando entre ellas o con otro picudo, necesitan picotear con un ojo en el platico y otro en la fotógrafa. Como ésta de aquí, el retrato de la desconfianza.

Finalmente, dejo aquí un beija-flor[pica flor] desconocido. Hojee mi edición de Aves Brasileñas y Plantas que las Atraen, de Dalgas Frisch, pero no encontré ni pío sobre este discreto picudo. Como él no deja que uno se acerque mucho, no tengo cómo saber si el plumaje es negro o aquel esmeralda muy beijafloral que solo aparece en el sol.

Entiende ahora ¿por qué gasto por semana 1 papaya, 1,5 kg de semillas de girasol, 12 plátanos y 10 kg de ración para canario?

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