La expresión “ecoturismo” no me agrada. Primero, porque turismo “de naturaleza” no deja de ser turismo. Segundo, porque conozco raros casos de turismo que no agrede el medio ambiente. Un ejemplo fue el viaje de un amigo. Él recorrió el interior de São Paulo en bicicleta con una mochila en la espalda. Y una botellita para llenarla de agua durante el recorrido.
Solo el hecho de montar en un avión ya genera impacto ambiental. El sitio de Air France tiene una calculadora que muestra cuánto CO2 un pasajero emite. Quien viaja de São Paulo (Guarulhos) a París (Charles de Gaulle) – 9888 km de distancia – emite 826 kg de CO2. Compare esta cantidad en mi post sobre el Día Mundial Sin Carro. Esto prueba que el turismo hecho en avión, carro, ómnibus, moto, genera impacto.
Antagónicamente, el turismo bien organizado es una manera de preservar el medio ambiente. Fernando de Noronha, por ejemplo, es un sueño debido a sus bellezas naturales. La isla está ambientalmente equilibrada. Según una conferencia en el Proyecto Tamar de Fernando de Noronha, nunca se registró un caso de ataque de tiburón en el archipiélago. En seis días, yo vi tres tiburones allá.
Si no hubiera preservación de la naturaleza y del ecosistema, Noronha perdería su gracia – pudiendo ser inclusive peligrosa. La isla es linda porque el agua es transparente, no existe basura arrojada en los caminos o en las playas – solo vi una latica de cerveza en una carretera de tierra, porque la vida marina es deslumbrante. Cada 100 metros, existe un basurero para materiales orgánicos y reciclables. Todo esto genera – mucho – dinero para el Estado de Pernambuco.
Bueno, vamos a lo que interesa. Este asunto rendirá muchos posts de consejos de conservación, de historias que casi perjudicaron el medio ambiente, de acciones que pueden traer problemas y de críticas – incluso a la administración de Fernando de Noronha. Al desembarcar en Noronha y al llegar al puesto de venta del billete de paseo en balsa por las piscinas naturales de Porto de Galinhas (en el municipio de Ipojuca, en Pernambuco), recibí un folleto con consejos para la conservación. Adopte esas acciones en todos y cualesquiera de los viajes que haga – algunas, pueden realizarse en su quehacer diario. Un resumen de estas acciones añadiéndoles mis experiencias:
No alimente a los animales;
No quite nada de su ambiente natural: animales, plantas, piedras, conchas, artefactos arqueológicos;
No persiga o capture a los animales;
Camine y sumérjase silenciosamente para no amedrentar a los animalitos;
En el caso de que existan arrecifes, evite nadar próximos a ellos para no dañarlos;
No se apoye, ni se recueste a los arrecifes;
Produzca el mínimo de basura;
Respete los límites impuestos por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama);
Respete sus límites físicos;
No desperdicie agua ni energía eléctrica;
Camine por las sendas evite ensancharlas;
Coloque la basura en los basureros, si no hubiera, llévela con usted;
No entierre resto de alimentos;
No se recueste o suba a las ruinas históricas;
No haga fogatas en campamentos sin saber si es permitido;
No escriba en árboles, rocas o placas – esto es básico.
“Todos tienen derecho al medio ambiente ecológicamente equilibrado, un bien de uso común del pueblo y esencial a la sana calidad de vida, correspondiéndole al Poder Público y a la colectividad, el deber de defenderlo y preservarlo para las presentes y futuras generaciones”, artículo 225 de la Constitución de la República.
Obs.: La foto la tiré a la puesta del sol en la Praia dos Carneiros (Pernambuco) que, probablemente, ganará un post sobre su ocupación. Dentro de cinco años, creo que no será tan tranquila como es hoy. La otra se la tiramos a dos tortugas que se alimentaban tranquilamente en la playa del Porto, en Fernando de Noronha, este lunes.

