Usted me pregunta si está todo bien con mi “familia que transciende especie, filo, reino”. Eustaquio está haciendo una sorpresa para mamá, pero como todo niño, no logra hacerla muy escondida: pronto, tendré flores de mi planta carnÃvora primogénita.
Ronaldo, el gato temporal más fijo de toda la historia, ganó una dueña, pero sólo debe volver de las vacaciones a mi casa el año que viene, cuando está previsto el estreno de la carrera extra-uterina de mi hermana. Hasta entonces, tengo que amasar ese gato tres veces al dÃa y calentarle sus orejas cada 12 horas. Prescripciones médicas.
La prole residente está animada con el extranjero – claro que eso no incluye Omblogsman, que adoptó la técnica de invibilización de Ronaldo, método que se ha mostrado exitoso hasta el momento.
Estoy terminando los libritos prometidos a los ganadores de la última edición del Post Naranja. Nunca imaginé que dolerÃa tanto reescribirlos. Primero, tengo que driblar el momento “no-creo-que-escribÃ-esoâ€. Después, tengo que contener el deseo de “tengo-que-revisar-ese-textoâ€. Vencidas esas etapas iniciales, está la fase “la-puta-madre-qué-letra-horrible†y “voy-a-botar-esto-y-empezar-de-nuevoâ€, culminada por la crisis existencial “deja-de-gastar-papel, irresponsableâ€. Al final, todo se resuelve hasta que yo llegue al momento final, cuando mis dedos duelen tanto que la letra empieza a relajarse, llevándome de nuevo a la etapa tres.
Junto con todo eso, está el trabajo en la revista, los viejos amigos y los recién adquiridos, salón de baile, salsa, crisis de jaqueca cada vez más frecuentes y el conteo regresivo para viajar. Ah, claro, y la megasorpresa que estoy preparando para el cumpleaños de Guindaste. Oh. Eso no lo podÃa decir. Lo mejor es que yo pare aquÃ.
Besos,
Carol
PD: ¿Quién dice que e-mail no puede convertirse en post? ¡Valió la ayuda, João Veiga!
El tractor de la limpieza de 1,50 m irrumpe en la oficina rumbo a la baranda, con cubo, escoba, trapeador, paño, escobillón, aspirador de polvo y… Eh, ¿aspiradora?! Fui en puntillas para ver lo que Val estaba haciendo cuando la sorprendo, bravÃsima, encima del bebedero de los pajaritos, dando golpes en el aire con la manguera de la aspiradora.
– ¿Val?
– …
– ¡Val! ¡Vaaaaaal!!!
– ¿Me llamó, Carol?
– ¡Apaaaaga la aspiradoooora, Vaaaaal!
– ¡Ah, está bien!
– Val, ¿qué rayos estás haciendo con la aspiradora, mujer?
– Aspirando las abejas, Carol.
– ¡!
– ¿Usted no dice que el colibrà muere si lo pica una abeja? Estoy viendo el bichito en la mayor agonÃa, volando aquà y allÃ, pero no logra llegar cerca del bebedero porque hay abejas.
– Val, no me vas a decir que estás ‘aspirando’ las abejas con la aspiradora …
– Ah, estoy haciéndolo sÃ, y ya lo hago desde la semana pasada. ¿no se dio cuenta que las abejas se han desaparecido?
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Los pajaritos sembraron un girasol gigantesco en la baranda de mi casa. Él creció lindo, fuerte y vigoroso hasta alcanzar más de un metro. Dos meses después, surgió un botón y yo pasé a levantarme más temprano e ir directo para la ventana, con la esperanza de que estuviera lista la magia y la flor se abriera revelando el centro ensolerado. Un dÃa, sucedió: me desperté y me saludaba una flor del tamaño de un plato de postre. Eso fue hace tres semanas.
Desde entonces, incluso cuidando al girasol como a un bebé, su flor está muriendo — y yo junto, de tristeza. Conversé con un jardinero y él me explicó que las plantas tienen ciclos de vida diferentes. Algunas duran poco, como las hierbas y hortalizas en general: aunque usted mime una lechuga, ella va a crecer, dar una flor, lanzar sus semillas y morir en menos de seis meses. Es de la naturaleza de esa especie. Ya un árbol tiene un ciclo de vida mucho mayor, pero inclusive un jequitibá, llega el momento que muere.
Girasoles duran de cuatro a seis meses, dependiendo de la especie. “Por más que la reguemos, abonemos y dejemos la tierra movida, cuando acabe la vidita de la planta ella morirá lentamente”, me dijo Juareis. Ese será el destino de mi girasol de los pajaritos.
Desde que supe de eso, lo cuido para que disfrute bien sus últimos dÃas. En vez de cortar la flor marchita, dejo que la planta decida cuando hacerlo. Hasta porque, mientras la flor se marchita y se pone fea, una quÃmica secreta nace en su centro: ella prepara sus descendientes, las decenas de semillas que lanzará en la tierra para que los pajaritos la siembren por ahÃ.
Si yo sé de todo eso, ¿por qué siento que una lucecita se apaga diariamente dentro de m�
Mientras recorrÃa las góndolas del pet shop, vislumbré algo ligeramente extraño al final de un pasillo. Era un gran gallo blanco, con plumas hasta las patas y cresta púrpura. Estaba lleno de polvo en la barra de un carrito de compras, moviendo la cabeza de aquella forma de saltito como hacen las palomas.
Un señor apareció detrás de un gran saco de alpiste para pájaros. Soltó un gruñido mal humorado. Le pregunté si el bicho era bravo, pero cuando El respondió “esâ€, su mujer apareció dándole cariños al gallo, que se esforzaba para no caerse del carrito.
– ¿Te imaginas si Ferdinando fuera bravo, dime, mi amor?
– ¡Oye, y él tiene nombre!
– Claro que tiene nombre, es un gallo muy educado. Se lo regalaron a los niños en la escuela cuando aún era un pollito. Pensé que se iba a morir, pero El creció y está muy apegado a nosotros…
– ¿y no ensucia mucho?
– ¡Ensucia! – se quejó el marido.
– ¡No! – respondió la señora, al mismo tiempo. – Ferdinando es muy limpiecito, no es verdad, Fe? y adora a mis hijos: cuando ellos se trancan en el baño, Fe se queda en la puerta, arañando con el pie. ¡Si lo dejas, se baña junto con los niños!
¡Todo al mismo tiempo ahora!
CategorÃas: Red Ecoblogs
Eso es sólo una tapa del gran panel NOW, de Sprint. Saca sólo la cosa completa - parece hasta aquel panel de monitores del Ozymandias, en Watchmen.
Conduzco consultando el guÃa en cada semáforo rojo. “Hmmmm, ahora solo tengo que seguir recto que esa calle llega en la Radial Leste…†Hace sol y tengo todo el tiempo del mundo para cotizar precios. Las cosas empiezan a fallar cuando la calle q deberÃa llegar a la Radial no llega: veo, con pesar, la tal avenida quedándose más y más alta, hasta que hace una hermosa alza a la izquierda y desaparece de la vista. Mientras eso, la calle en que estoy hizo una curva acentuada a la derecha y me envió a la Liberdade.
Andar en coche en Sao Paulo es cosa para profesionales. Sin el menor sentido de dirección, una conductora sin ninguna noción, como yo, se pierde en la primera esquina. Decidida a no dar el brazo a torcer, paro en la primera gasolinera que encuentro. “Señora, usted tiene que girar a la derecha en el primer semáforo, derecha otra vez y va a ver la placa para la Radial.â€. Y claro que hago todo perfecto, no veo ninguna placa y acabo otra vez delante de la gasolinera. El bombero me mira desconfiado. Abro el vidrio: “¡No hay placa, señor!â€.
Me explica todo otra vez, como si la repetición del trayecto fuera hacerme fijarlo y acertar el camino. “Derecha, derecha, sigue la placa. ¡No hay como errar!†Agradezco y intento una vez más. Derecha, derecha, anda un poco, de placas, nada, bifurcación. ¿Y ahora? Atrás de mÃ, el conductor del autobús bocina, impaciente. Giro a la derecha y paso otra vez delante de la gasolinera. La MISMA gasolinera. El bombero, habla, en pie, con dos colegas. Me ve y hace señas desde lejos. Mejor no parar de esta vez.
Casi dos horas y tres intentos frustrados después, logro en coger la Radial Leste y llegar a la tienda, para descubrir, en cinco minutos que el viaje no sirvió para nada. En la vuelta, me pierdo otras dos veces y llego en el Centro, cuando querÃa ir para la Zona Oeste. Hace unas pocitas en vuelta de mis ojos, donde las gafas oscuras pegan mi piel. Mi blusa está encharcada de sudor y mi desodorante no logra con el vidrio cerrado, sin aire acondicionado. Un motoquero me insulta, bravÃsimo, no sé ni que infracción acometÃ.
¡Quiero mi madre!
¿Tienes baterÃa Motorola?
¿BaterÃa?
SÃ. La de mi móvil está muy débil, no aguanta ni un dÃa entero.
¿Qué modelo es?
Este aquÃ.
Pero este móvil no es tan viejo…
¡Pues! ¡Esas baterÃas de hoy no duran nada!
¿Por qué no compras un móvil nuevo?
¿Para qué? El mÃo funciona muy bien. Es la baterÃa q está mala.
Mira, no hay más de esta baterÃa para vender.
Sácale de otro móvil, ¡tÃo!
No puedo, tienes que comprarle el móvil entero.
¿Dónde puedo encontrar solamente la baterÃa?
Es complicado…
¿Qué quieres decir con eso?
Que es más fácil cambiar de teléfono.
Mira, que sorprendente: ¡un vendedor que quiere empurrarme una compra completamente desnecesaria!
Lo sé, parece parloteo de vendedor…. Pero te voy a enseñar cómo es verdad. Dame tu NIF que voy a checar cuantos puntos tienes para rescatar.
¿Puedo comprarme una baterÃa nueva con ellos?
En teorÃa, podrÃas, pero no más nos envÃan baterÃas sueltas. Nadie las compra. Es muchÃsimo más barato cambiar de móvil. Mira: tienes 943 puntos para rescatar. Puedes llevar un excelente teléfono con esa puntuación, con cámara digital, mp3, filmadora…
Pero una baterÃa, ¿nada?
Nada. Esa baterÃa costaba R$199 en la última remesa que recibÃ, hace ya unos meses.
¡Qué caro!
¿No te dije?
¿Y si la llevo en la asistencia técnica?
Te van a cobrar por lo menos eso. Porque baterÃa no se arregla, hay que cambiarla. Se asta. Como pilas.
¡Pero mi móvil no tiene dos años!
Pues. Pero eso es hecho para no durar, para, de aquà unos meses, que quieras cambiar. Y, dime, solamente un otario va a querer un móvil viejo, remendado, cuando puede llevar un nuevo gratis.
Ir al mercado sin hambre es la ley numero uno de cualquier persona que es prevenida. Pero, ¿sabÃas que se gasta menos cuando haces las compras solo? ¿O cuando llevas productos del estante debajo? ¡Esos y otros cuidados en la hora de hacer las compras pueden reducir en 30% tu cuenta del supermercado! Apunta las pistas del consultor financiero Reinaldo Domingos, autor del libro “Terapia Financieraâ€.
Apunta todo
Antes de salir, haz una relación de los productos que faltan en casa.
Mantenga el foco
No para en las secciones donde no hay los Ãtems presentes en tu lista.
Ve solo
Esta es para mujeres con hijos: Niños insisten en el superfluo y el marido no tiene paciencia.
Evita la compra del mes
AsÃ, aprovechas las mejores ofertas de cada semana.
Busca abajo
En general, los productos que están en la altura de los ojos, son más caros.
Lleva marcas propias
Las marcas de los supermercados suelen ser más baratas que las otras.
DesconfÃa de las ofertas
Al encontrar promoción del tipo: “pague 1 lleve 2â€, confiere el precio individual.
Tórnate un ciego en la caja
Los productos que están en la boca de la caja, aumentan en hasta 15% tu compra.
Ve al mercado de la calle o a la carnicerÃa
Compra frutas, legumbres y carnes en mercados de calle, fruterÃa o carnicerÃa: los precios son mejores.
*versión sin cortes de texto publicado en la revista Ana Maria de esta semana.
¿Te mueres de ganas de adoptar un bichito, pero no tienes el espacio ni tampoco el tiempo para cuidarle y peor, tu hijo es alérgico? No hay problema. Si no puedes tener un perro o un gato cerquita, que te quedes cerca de ellos al menos de corazón: adopte un animal virtualmente.
Hay muchas maneras de ser el responsable por uno de los millones de perros y gatitos abandonados. Puedes apadrinar uno de ellos y depositar una cuantÃa, periódicamente, para que una ONG o un voluntario le pueda mantener saludable y feliz. También es posible donar ración, camitas y medicina que los bigotes y los hocicos necesitan para estar bien.
Pero, hay una manera todavÃa más fácil de hacer diferencia para esa bicharada. Solo tienes que aprovechar uno de los muchos bazares que las ONGs de adopción organizan en el final del año y comprar alguna cosita. En este domingo (30/11) acontece el encuentro de la Adote um Gatinho (Adopte un Gatito), una de las entidades más serias y comprometidas con el rescate y cuidado de gatos (¡y a veces también de perros!) largados en las calles.
Estaré por allÃ, de las 15h a las 18h. El Bazar de Navidad de Adopte un Gatito será en la calle Desembargador Ferreira França, 40, en el salón de fiestas del bloco B (cerquita de la Plaza del Pôr-do-Sol, e Pinheiros, São Paulo, Brasil). ¿Quizás no nos conocemos?
Cátchup y Mostaza han siempre sido muy unidas. Primeras a nacer de una niñada de cinco hembras, las dos gatas eran prácticamente iguales en su pelaje tan rajada que mal se distinguÃan las manchas. Cátchup era la más roja, Mostaza, la más castaña. Las dos, dóciles y tibias, verdaderas gatas-lÃquidas, de aquellas que se esparraman en el primer cariño.
Por algún problema genético, las niñadas de Mostaza eran cada vez más pequeñas. DÃas antes de parir, explotando de gordas, las gatas sumÃan de la vista. Adoraban dar la luz en el oscurito de mi armario de colchas, para el desespero de mi abuela. Cátchup era siempre la primera, seguida, tres o cuatro dÃas después, por su hermana.
Separábamos las cajitas, para que nadie encrespara con los sobrinos. Inconformada por tener dos cachorros a menos, Mostaza iba hacia la cajita de la hermana y cogÃa con la boca la primera pelotita de pelos que encontraba por la frente. Cuando Cátchup encontraba la falta de uno de los cachorritos, iba hacia la toca de la hermana y cogÃa un gatito… uno cualquier… Con la diferencia de dÃas que las niñadas tenÃan no era raro ver en una caja tres gatitos gordos, con los ojos abiertos y un chiquitito todavÃa ciego, confundido en el intenso juego felino.
Un dÃa, fui para el área de servicio y flagré un gatito olvidado…era demasiado pesado para ser arrastrado por la nuca de un lado para el otro. Maullaba implorando por alguien, madre, tÃa, uno cualquiera, que le llevase de vuelta al calor de los hermanos. Le cogà en mis brazos, era delicado y trémulo, como su pequeño corazón pulsando locamente atrás de unas costillitas de la espesura de palillos de dientes. Le llevé hasta la niñada y lo arreglé en la primera teta vacÃa que encontré. Busqué una caja más grande y puse las dos hembras juntas, con los ocho cachorros colectivos y los dieciséis grifocitos de leche. Nunca más encontré un gatito perdido.
Hasta hoy, traigo conmigo la responsabilidad de haber tocado aquel pequeño ser tan frágil. Sujetar un cachorro recién nacido en las manos cambia algo dentro de la gente.
Menos mal que habÃa una silla cerca. Yo necesitaba sentarme. Mis piernas temblaban. “Hombre, Carol… que cara!†Entonces, desistà de intentar encubrir mi crimen sin testigos.
- Maté un pajarito. Atropellado. Una tortolita.
Lo que se siguió a mi confesión me dejó aun más desorientada. Está claro que no imaginaba que las personas fueran encubrir el rostro y apuntar para mi, entre sollozos y desaforos. Pero esperaba alguna reacción emotiva. Una cualquiera.
- Ah, no….no te quedes triste. Eso pasa. Pajaritos son bichos torpecitos…
- ¡No pu-e-do cre-er que estés mal por eso! ¡Solamente es una paloma idiota!
- Tú no has visto nada. Semana pasada, atropellé un perro en la carretera. Cuando vi que iba a atravesar, no habÃa más tiempo. Intenté desviar, pero, no pude, pobre. TenÃas que ver como se quedó…
Intenté tener rabia de las personas, pero no pude. Yo solamente podÃa recordarme de la explosión. Del vacÃo de conducir mientras la ciudad apenas despertó y, luego, de la explosión silenciosa de plumas.
Minúsculas plumas gris cayendo como copos de hollÃn por el vidrio de la frente. Bien despacio. Como en una pelÃcula en cámara lenta. La explosión silenciosa y las plumitas gris. Tan pequeñitas…